Arte

Día Internacional del Libro: Gestiones que motivan la causa

El día del libro se celebra desde 1926 por iniciativa del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, aunque en una fecha distinta a la actual. Fue desde 1930 cuando la Conferencia General de la Unesco estableció el 23 de abril como el «Día Internacional del Libro» en honor a la muerte de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. En esta misma fecha casualmente nacieron y fallecieron escritores como Bladimir Nabokov, Maurice Druon, Josep Pla, Manuel Mejía Vallejo y William Wordsworth.

Está claro que no se precisa de un día en particular para enfocar la atención en algo tan valioso como lo es el libro, y que, para que la lectura prevalezca es fundamental el trabajo comprometido de gestores culturales y lectores empedernidos que se esmeran al crear actividades y espacios para la lectura. En nuestro cantón, con el fin de mejorar el hábito lector, se están ejecutando proyectos loables, en donde el libro es considerado un objeto invaluable en el cual convergen el conocimiento, los sueños, historias conmovedoras y mundos fascinantes. Escapar un momento del mundo para comprenderlo mejor, a través de la literatura, esa es la única e insuperable manera de celebrar al libro.

«El Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador, tiene la responsabilidad de crear políticas públicas orientadas a garantizar los derechos culturales y la interculturalidad. En calidad de ente rector del Sistema Nacional de Cultura, según lo establecido en la Ley Orgánica de Cultura, dentro de sus funciones tiene promover hábitos lectores, procesos de pensamiento crítico y destrezas creativas que fomenten las capacidades de percepción y análisis». Como es de esperar estas funciones son intangibles y las instituciones competentes no gestionan proyectos, ya sea por falta de presupuesto o de voluntad, la realidad objetiva es que las actividades de mediación lectora son lo último que las autoridades consideran al momento de pensar en proyectos culturales. Por suerte existen personas con la perspectiva adecuada para crear actividades que motiven la lectura.

Gestiones por la lectura, como la que hizo el escritor valenciano, o como lo hicieron los tzántzicos en su tiempo, llevando librerías rodantes a comunidades rurales y urbano marginales. Ese fervor cultural es lo que debe permanecer y lo que se debe resaltar. Por ello he considerado escribir sobre un par de proyectos enfocados en la lectura que se están desarrollando en la ciudad de Piñas y en la parroquia Moromoro.

Estanterías móviles en las parroquias

En el parque de la parroquia Moromoro, en medio de la calma que emana el lugar, está instalada una pequeña, pero muy sugerente biblioteca, en donde niños, jóvenes y adultos dedican unos minutos de lectura, algunos nada más ojean, sin embargo; el interés por los libros nace de cierta forma y eso se puede palpar cuando se visita la parroquia los fines de semana.

Yexenia Rodas, profesora y fundadora del proyecto nos cuenta: «La iniciativa surge a partir de un proyecto educativo llamado: Sembrando en el alma, en el cual uno de los objetivos es la motivación y sensibilización a la lectura mediante el acceso de estanterías móviles ubicadas en las comunidades más pequeñas con el objetivo de que la iniciativa tenga acogida y se replique a nivel nacional. Aprovechando el ambiente acogedor de la parroquia decidí darle un ambiente propicio para que lectores y turistas conversen en torno a los libros, y así ya se crea un ambiente cultural, y también para que los jóvenes estudiantes de alguna forma se interesen por la lectura».

«La estantería ya tiene un año y ha tenido muy buena acogida, las personas que vienen de otros lugares se interesan mucho en la pequeña biblioteca. Me donaron libros de varios cantones de la provincia, amigos, docentes, gestores culturales de ciudades como Quito. Con todo ello hice una selección y así preparé el librero. Esta gestión se está realizando con la mini reina de Piñas, la niña Sofía Ramírez, quien hizo una donación de una segunda estantería». Hace algunas semanas se colocó aquella estantería en la parroquia San Roque, y el propósito es replicarlo también en el resto de parroquias.
Son pocas las ciudades en las que se puede palpar este tipo de gestiones, en algunas se realizan de manera temporal. En la parte alta de la provincia varias bibliotecas se están cerrando; encartonando sus libros. Ante esta triste realidad del mundo cultural es una gestión oportuna otorgar a la comunidad, y a quienes la visitan, la posibilidad de leer un libro en un espacio distinto, también es una forma de contrarrestar, de resistir ante la indiferencia por el arte y la cultura que existe en los gobiernos locales y en general.

Un club de lectura

Cuando terminas de leer un libro surgen muchas preguntas, y sobre todo buscas a alguien con quien esclarecer esas preguntas. No es fácil encontrar personas con quien dialogar sobre un libro, pensando en ello se creó un club de lectura, que está dirigido a jóvenes, adultos y adultos mayores; la finalidad es convocar a todos quienes disfruten del mundo literario.

En la Tienda de alimentos naturales, «Sabores y Letras», desde hace varios meses, se viene desarrollando un club de lectura, en donde cada mes se dialoga y reflexiona sobre una obra literaria. La creadora del club, la licenciada María Elena Serrano, nos comenta un poco sobre el surgimiento del club, su proceso y objetivo: «La iniciativa del club surge como un afán por compartir el gusto por la lectura. Hay personas a las que les encanta leer y que no siempre tienen un espacio para compartir las sensaciones que les genera, es por esta razón que se pensó en esta iniciativa».

«Establecemos la mecánica de escoger un libro en forma conjunta para así tener la oportunidad de apreciar y disfrutar los gustos literarios de todos quienes nos reunamos». Hasta el momento se han leído obras como Sidharta de Herman Hesse, La clase de griego de Han Kang y Tesis sobre una domesticación de Camila Sosa Villada. La dinámica del club es variada y se procura realizarlo a través de actividades lúdicas, con preguntas que ayudan a desglosar interactivamente el contenido y las inferencias del libro que se leyó.

«La lectura es la mejor herramienta para el aprendizaje, para el cultivo de la conciencia y para la ampliación del espíritu humano. Cuando un grupo de personas convocados por el hábito de la lectura se reúnen surge un impacto en la sociedad, porque una persona que lee es capaz de sentir, de pensar y de accionar adecuadamente». Así es como la creadora del club concibe la lectura, y la forma en la que el club contribuye a la cultura de nuestra sociedad.

Es gratificante saber que dentro de una atmósfera tan inclinada al consumismo y al mundo digital existan mujeres convencidas de que el mundo puede ser más llevadero si nos lo tomamos con un poco de lectura, si miramos en los libros una forma de acercarnos al modelo de sociedad que aspiramos, por ello es preciso valorar y ser parte de estas iniciativas, dignas de las grandes ciudades, a las que tanto pretendemos replicar. 

Redacción de Revista de Cultural Quinde

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