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Tres Poetas de Piñas

En marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía y es preciso que las voces poéticas de todos los rincones del país se manifiesten. Por esta razón hemos elegido, esta vez, a tres poetas de nuestro cantón: Ámbar, Karla y Jorge, exponen mediante sus versos aquel mensaje que confirma que la palabra traspasa.

Ambar Chica

Escritora e investigadora. Licenciada en Lengua, Literatura y Lenguajes Audiovisuales, por la Universidad de Cuenca. Magister en Educación con mención en Gestión y liderazgo, Universidad Andina Simón Bolívar. Actualmente, se desempeña como Técnica de investigación en el Departamento de Educación de la Universidad de Cuenca. Su trabajo se sitúa en el cruce entre creación literaria e investigación académica, con un especial interés en estudios del lenguaje, género y educación.

En 2021 recibió el Premio “Benigno Malo” otorgado por la Universidad de Cuenca en reconocimiento al mérito académico. En 2022 obtuvo el Premio Interuniversitario de Relato «Efraín Jara Idrovo» en su IX edición, en el marco del Encuentro sobre Literatura Ecuatoriana y Latinoamericana “Alfonso Carrasco Vintimilla”, así como el Premio Casa al Mérito Literario “Modesto Chávez Franco”, concedido por la Casa de la Cultura Benjamín Carrión, sede El Oro. Ese mismo año, alcanzó la segunda mención en el Concurso de Poesía Joven del XV Festival Internacional de Poesía de Guayaquil “Ileana Espinel Cedeño”, con su poemario Un animal no domesticado.

En la poesía de Ámbar podemos palpar el dominio del lenguaje y de estructuras. Es una poesía comprometida con mostrar las realidades que pululan en nuestra atmósfera social.  Además, frecuenta los rincones oscuros de nuestros pensamientos y la profundidad de las emociones. También, como toda obra comprometida con los social, nos interpela, nos invita a cuestionarnos y romper dogmas y prejuicios. 

Los textos presentados pertenecen al poemario inédito: Un animal no domesticado.

Muñeca

Sust. Juguete o adorno con figura de persona

Una hilera de mujeres quietecitas en sus cajas,

colgando de la pared,

su madre las compró, pero ella no puede jugar.

Hijita es que se ensucian y se dañan.

Allí colgadas serán eternas,

un adorno inalcanzable.

 

La niña las mira cada noche antes de acostarse

y reza para parecerse un poco a ellas.

 

Le gusta jugar a la mini costurera de gala,

el problema es que no puede probar los vestidos

en aquellos cuerpos que ansía.

 

Una noche

sacudida por la tentación de abrirlas se despierta,

Barbie Mariposa la observa con sus alas de celofán estridente

 

ella es su favorita, lo hará:

i. lo primero que le sorprende es aquel olor de plástico aterciopelado

ii. le revisa el cabello, sedoso, brillante

iii. observa su ropa de flecos y encajes

iv. después repara en el par de pechos puntiagudos

v. los toca sin comprender del todo su presencia

vi. revisa la entrepierna, pero nota que allí no hay nada

vii. la muñeca es perfecta

viii. jamás tendrá que preocuparse porque el tío le acaricie la falda

ix. ni que su madre le obligue a besarlo en la mejilla cuando llega

x. es tan perfecta que luego de admiración la niña siente rabia

 

Al siguiente día la madre se horroriza,

encuentra las muñecas desmembradas,

pintarrajeadas con marcadores permanentes.

 

Las cajas vacías colgando de una pared que ya no grita perfección

repudio instintivo de una niña

que ha dejado de creer en cuerpos intocables.

De los frutos

En mi útero no habitan mariposas ni crisálidas

soy una virgen destartalada,

no maquillo mis brazos regordetes

ni acicalo mi cabello mechoso.

 

Vivo como un pordiosero

que se ha olvidado de pedir limosna.

Camino sin tacones aguja,

nunca logré aquel artificio.

 

Mis caderas no saben de contorneo,

ni de seducción.

Estoy escindida de lo esperado,

me cuesta soltar mis demonios.

 

Soy la carta de la emperatriz volteada.

el silencio del niño al que le escribí un poema,

las trampas de ratones que me achicaron los miedos.

 

Aprendí a sortear la vida con el llanto,

a rasparme las rodillas y los codos,

a manejar bicicleta para lanzarme de las montañas.

 

Siempre fui más un espantapájaros que una libélula,

cargo con mis talentos de niña liminal.

A la intemperie no le importan mis ovarios poliquísticos,

me exige una naturaleza que no dispongo

porque la mía siempre ha sido contradictoria.

Rosario

Del latín rosarium, perteneciente a la rosa

El tacto de borlas alcanforadas que me recorren

como la caja de música que esconde una bailarina solitaria

y mi suegra convenciéndome de tener hijos.

A este paso nos terminaremos extinguiendo Diosnoquiera

Ustedes no se han casado por lujuria ¿o sí?

Sueño con gatos, pelajes y versos

Digo yo quiero hijos, Virgencita dame hijos.

 

Soy yo, la matriz. El recordatorio de una abuela esquizofrénica que nunca me dejó

acercarme a las velas que prendía al santito, porque eran lo único que realmente le

pertenecía.

 

la fe íntima libertad

[para ella]

 

Ahora, otra mujer me enseña a entrecerrar las manos y contar las cuentas

por cada misterio diez avemarías

Si pides con fe la virgen escucha

Rezo mientras siento el calorcillo seguro del implante subdérmico en mi brazo.

Señora, dame un hijo. Uno de hojas escarlata, portada collage de una

mantis carcomiendo la cabeza de su macho. Una solapa con mi fotografía

en sepia y un lomo dorado. Adentro cincuenta poemas contradictorios. De

esos hijos que se engendran con el ardor del celo y los cadáveres. De esos

que se paren con tinta, traumas y tachones. Un engendro de los que se

exhiben en estantes de los más leídos o se queman si son demasiado

subversivos o mediocres. Señora dame un hijo.

 

El rosario es una serpiente enroscada,

un uróboros femenino.

Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum

Algo así como un tótem resguardado

y la micro multiplicidad de voces unidas.

Benedicta tu in mulieribus

 

Algo así como un recordatorio

Sancta Maria, Mater Dei

de las mujeres rezando en torno al fuego,

brujas aparentemente domesticadas.

 

El rosario es un poder,

pero también

un somnífero.

Karla Aguilar Galarza es artista y psicóloga, quien encontró en el arte un lenguaje capaz de nombrar aquello que la voz no siempre logra decir. Formada en cine y actuación, posteriormente en artes en Argentina y en psicología en México, ha tejido un puente entre la creación y el cuidado emocional al certificarse como arteterapeuta, integrando sus dos pasiones en un mismo camino.Desde muy pequeña intuyó que el arte podía abrazar lo innombrable; en la poesía y en la música halló un espacio de catarsis y encuentro consigo misma y con el mundo. Para ella, el arte no solo representa la realidad: la transforma, la humaniza y la vuelve habitable.

Karla integra en su poesía la intención de buscarnos y encontrar nuestra esencia mediante el contacto con la naturaleza, es la fuerza natural que también construye belleza cuando se la mira y se la escucha para hacerla palabra. Sus poemas son una forma de interactuar empáticamente con nuestras emociones. 

Los poemas seleccionados pertenecen al libro: A Kayni le duele el corazón.

Barro tal vez

Llegamos cantando, 

embarrados de sangre,

con el bombo de un corazón tejido

por tradiciones, guerras y despedidas.

 

Antes de respirar

nos asignan números para todo.

 

Cualquier invento sirve

para olvidar que fuimos mar,

existencia sin reloj,

alma que muere sin miedo,

caminantes elegantes sobre musgos.

 

Vamos tras lanzas de estatus,

amores en vitrinas

y pieles que cada vez sienten menos.

 

Animales embalsamados 

con perfumes caros, 

lobos sin voz

que huyen de su naturaleza.

 

La tierra nos espera, con pena. 

Pudimos ser más que un vestido.

Ni el infinito cielo

logró hacernos ver nuestra esencia.

 

El ciclo no olvida:

todo inicio tiene final.

El hueso, aunque esté maquillado,

será polvo.

Las hojas caen,

el ave deja de volar,

los colmillos se sueltan.

 

Creemos que andamos con los pies, 

pero el viento solo ve rodillas

arrastrándose por aprobación.

 

Cortezas donde el hacha golpeará 

después del apuro

y del correteo

por conseguir cosas que se pudrirán.

 

Memoria vacía que ignora lo pasajero, 

que le teme a la desaparición

pero no hace nada por aceptarse.

 

Ojos que no quieren ver. 

Sonidos de lo banal.

Caos dentro del cosmos.

 

Embarrados de sangre, 

embarrados de todo, 

despreciamos el barro

que nos aguarda con ansias, 

para reprendernos

hasta que tal vez aprendamos a vivir.

Viene el silencio

Después de la tormenta no viene la calma, 

viene el silencio,

un fragmento de tiempo que no se inmuta, 

solo existe.

 

Nada está bien o mal, solo está. 

Invaden ganas irreales de descansar, 

de también solo ser por un momento, 

pero no se puede,

debes elegir el bando, 

regresar a la tormenta

o darle paso a la calma cuando quiera llegar.

 

Ojalá fuera solo el silencio,

no hay soledad más profunda

que la que visita cuando olvidamos quienes somos

y en ese punto no hay ocasional amigo para las alegrías 

ni real hermano para las penas.

 

Somos nosotros, sin más,

como cuando salió al nacer el primer llanto 

sin saber que era uno de tantos.

 

No hay oda al dolor, solo al realismo,

en medio de una incesante búsqueda de calma 

prefiero bailar entre tormentas y silencios,

solo siendo, descansando y existiendo en este fragmento 

frente al enojado mar de Puerto Vallarta.

El mar

No hay prisa,

pero tampoco calma.

El mar quiere borrar

mi nombre de su lengua salada.

Mi dolor es anzuelo; 

me visto de algas. 

Su voz me canta:

Aquí no se reza, ilusa, 

aquí se sangra.

Me arranca todo. 

Nada merezco.

Se lleva cada lunar de mí

y pretende verme espuma,

para escupirme junto a otros esqueletos.

Nos piensa a todos. 

Del agua venimos. 

Ya poco le asombra.

La broma de la eternidad 

se disfraza de ola,

se rompe y dice:

«Así también te amo».

El sol le clama ternura 

cuando muere dentro de él, 

y entonces comprendo:

sin la dolencia del existir,

no los estuviera contemplando.

Escritor, fotógrafo, poeta, editor literario, gestor cultural y activista ambiental. 

Es profesor de lengua y literatura española, co-fundador de la Asociación de Gestores Culturales Independientes de Piñas y fundador de la editorial Flecha Zen. 

Ha publicado el poemario Contemplación del Agua en el 2020 y el libro de relatos Que la noche nos perdone en el 2023. Ganador del I Concurso Nacional de Literatura, modalidad poesía, organizado por la Casa de Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión Núcleo de El Oro, en el 2022. 

Jorge manifiesta su asombro por la naturaleza, extrae poesía de la observación y de las potentes imágenes que se suelen capturan caminando, descubriendo; haciéndose camino al andar. Los tintes de vanguardia demuestran el compendio de lecturas que respaldan al poeta. La poesía de Jorge jamás abandona el intento de ahondar en lo profundo, de buscar más allá de lo superficial del ser humano.   

Los textos escogidos pertenecen al poemario, Contemplación del Agua.

Animales

El rostro silencioso del humo

hace figuras antropomorfas cuando se eleva.

El rostro silencioso del ser humano

se identifica con su animal de poder cuando sonríe. 

Sol de invierno

Pieles humanas curtidas en alcohol 

son puestas bajo el sol para secarse, 

plumas raídas de aves lumbreras caen del cielo

directamente hacia las manos tiesas y abiertas de los caminantes, 

de los animales solitarios,

el sol de invierno ordena los árboles 

y mis pensamientos. 

 

La gente de las montañas 

y de las nubes 

tiene la mirada fija del silencio 

en una tarde claroscura.

Su rostro espolvoreado de atardeceres,

cortado por la yerba,

las lágrimas y los alacranes,

brilla desde lejos

como una multitud 

de hormigas de fuego.

Amanece

El agridulce resplandor del día sombrío:

Manso rumor que estremece los párpados.

 

La danza cósmica del sueño

Se disipa en el humo de los primeros fumadores. 

 

El vapor del café limpia y cristaliza 

Los pómulos de los trasnochados. 

 

En las calles, 

Los primeros bostezos 

Son absorbidos por los armadillos. 

Magia

Solo quedan buenos recuerdos, pero,

así como la neblina baja y vuelve invisibles

a las casas con su manto espeso,

así esos recuerdos son solo fantasmas.

 

Somos cuerpos que navegamos 

en una laguna confusa y enorme,

pero siempre al caer la noche y el frío,

dormimos abrigados en su orilla 

con nuestros ojos llenos de magia.

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